Hoy hace exactamente un año me peleaba con Pablo. Volví de vacaciones esta misma mañana, tempranito, él me esperó en la estación de micros de Liniers... lo abracé, fuimos a casa y lo único que hice antes de besarnos tanto fue poner a cargar su maldito celular, el mismo que había usado Dany para llamarme, en vez de él...
Antes de poder decirnos nada ya estábamos pegados, haciendo el amor por última vez...
Él no lo sabía, yo probablemente sí, pero no pude decírselo.
Después de eso nos quedamos dormidos, y lo único que recuerdo con claridad es que en algún momento se despertó y se volvió a dormir, y que yo salí de la cama para ver si había algo más que borrar de la memoria de ese aparato: mensajitos comprometedores, llamadas a deshora después de que se le había acabado la batería y me había dejado al principio de la ruta sin escuchar más la voz que no debía haber escuchado nunca.
Cuando finalmente nos levantamos tuvimos una charla rara, que yo quizás por tener la cabeza todavía de vacaciones y poca seguridad en lo que iba a hacer, no relacioné con nada en particular. Comentó como al pasar que él había recibido promociones de Personal... y yo como una boluda dije que nunca (*)
Un par de horas más tarde se pudrió todo: arrancó con una charla casual y terminó cambiándome la vida: después de dos veces casi seguidas de que me dejara él, sólo un mes atrás, finalmente lo dejé yo, pero en serio.
Si me arrepiento? Casi todos los días desde hace un año. Ojo, eso me dio la oportunidad de estar con Dany, y por ende de acercarme a sus niñitos, pero no sé si finalmente la experiencia sirvió: hubiera sido distinto si de alguna manera hubiera podido mantenerme más cerca de ellos, pero esto de verlos una vez cada dos o tres semanas me parece que no cambia la vida de nadie... Ni ellos tienen a la mamá que perdieron ni yo a los hijos que no tengo.
(*) Pocos minutos antes de que la maldita batería terminara de descargarse, yo le había avisado a Dany que no me llame después de las 12, porque iba a apagar el teléfono y las Nº recibidos quedaban almacenados. A él, publicitario como es, no se le ocurrió mejor idea que mandar una especie de jingle de Personal, compuesto de varios mensajitos relacionados...
“PROMO PERSONAL
Te invitamos a participar en la Promo Cenicienta.
Con esta promo, comprando un nuevo Personal, no tenés que cortar tus mensajes a la medianoche: podés seguir y seguir enviando y recibiendo...”
(acá uno se perdió en el ciberespacio, pero después averigüé que decía algo de la Princesa)
“Un Rey espera ansioso por tus encantos...”
Era bueno, verdad? El problema es que la batería duró hasta la mitad y el teléfono se apagó. Y quién recibió el resto de la tanda de la promo a la mañana siguiente??? Pablito, el dueño del teléfono, obviamente!!! Y yo caí como una chorlita diciendo que nunca había recibido una publicidad vía teléfono!!! Me pasa por mentirosa... y por sucia, dirá más de uno: usar el teléfono que me presta mi novio para hablar con otro durante mis vacaciones...